Mostrando entradas con la etiqueta Paul Westheim. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Paul Westheim. Mostrar todas las entradas

sábado, 14 de mayo de 2011

El tronco

Klee caracteriza al nuevo artista que es primero y ante todo plasmador, formador, creador, y caracteriza su manera de plasmar, formar y crear, con las siguientes palabras: 
Déjenme emplear un símil, el símil del árbol. El artista ha penetrado en este nuestro mundo multiforme y -vamos a suponerlo así- se ha orientado en él mas o menos... calladamente... La orientación en las cosas de la naturaleza y de la vida, ese orden ramificado, de muchas ramas, lo quisiera comparar con las raíces del árbol.
De allí le fluyen al artista las savias que pasan a través de él y de sus ojos.
Él está, pues, donde está el tronco.
Asediado y conmovido por el poder de ese fluir, trasmite en la obra lo que ha visto.
Como la copa de árbol, que en el tiempo y en el espacio se despliega visiblemente hacia todos los lados, se despliega también la obra.
A nadie se le ocurrirá pedirle al árbol que forme la copa exactamente como la raíz. Todos comprenderán que entre abajo y arriba no puede haber relación de espejo y objeto reflejado. Es natural que las distintas funciones de distintos ámbitos elementales den lugar a grandes diferencias.
Pero precisamente el artista en muchos casos se le quieren prohibir esas diferencias con respecto a los modelos naturales, necesarias, sino por otras razones, por las exigencias de la creación pláticas. Hasta se ha ido tan lejos como para reprocharle impotencia e imputarle un falseamiento intencional.
Pero él, en el lugar del tronco, lugar que le está asignado, no hace más que recoger lo que brota de la profundidades y trasmitirlo. Lo que hace no es servir, ni dominar; es simplemente TRANSMITIR.
Ocupa, pues, una posición auténticamente humilde. Y la belleza de la copa no es suya, sólo ha pasado a través de él".